Los Picos de Europa son el impresionante escenario natural que acoge este pequeño hotel con encanto: Casona D´Alevia.
Hotel de autor, por el estilo que le han conferido sus propietarios al restaurar el conjunto de edificaciones, alguna de las cuales datan del siglo XV, que constituyeron la casa de labranza de sus padres. Así, pues, en un intento de conservar toda la “memoria”que sus muros, estancias y muebles guardan, se ha llevado a cabo una rehabilitación manteniendo la estructura original, materiales típicos de la zona- piedra y castaño-, huecos, ventanas, puertas y forjados, etc., de manera que, sin alterar los valores propios del conjunto, se han potenciado los mismos guardando una perfecta armonía con el entorno y la propia arquitectura tradicional, hasta conseguir su adaptación como hotel en el que poder dispensar a sus visitantes un trato familiar y un exquisito servicio, en un alojamiento de singulares características y en un entorno especialmente privilegiado por la naturaleza. En 1.997 Marilupe, profesora de Artes Aplicadas, y Gregorio, Ingeniero y Economista, autores del Proyecto junto a sus hijas, abrieron de nuevo “su casa”, ahora como hotel, a cuantos en su viaje a este “Paraíso Natural” que es Asturias nos distinguen con su presencia.
Gastronomía
Los desayunos son copiosos con productos naturales y caseros, cuidadosamente seleccionados y servidos a la mesa.
Habitaciones
Todas son diferentes, fragantes y personales, amplias y cómodas, distribuidas en tres plantas, siendo abuhardilladas las del piso superior
Zonas Comunes
La vieja cuadra ejerce hoy de comedor, y junto a él, ambientados por una chimenea , el salón de estar, con su piano, en penumbra, silencioso.
Se trata del primer Parque Nacional que se creó en España, el 22 de julio de 1918, al amparo de la Ley de Parques Nacionales que Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa, promovió en Las Cortes. Esto ocurría muchísimos años antes de que la preocupación por la protección de la naturaleza se empezase a generalizar en nuestro país, y se explica por las condiciones excepcionales de belleza y fauna que cautivaron desde finales del siglo XIX a diferentes naturalistas. Estos majestuosos paisajes ya habían cautivado a sus antiguos pobladores: los celtas eran pueblos que adoraban y divinizaban a los elementos de la naturaleza.
Los celtas astures veneraban a Vindius, una mole pétrea de 2500 metros de altura destacando en medio de un murallón montañoso de cuarenta kilómetros de largo por 20 de ancho -los actuales Picos de Europa- y desde sus asentamientos en la cercana costa, se desplazaban a las montañas para refugiarse cuando la ocasión lo requería.
La espectacularidad del paisaje de Los Picos de Europa es indescriptible: a los profundos cortes, desfiladeros y gargantas, valles de exuberante verdor, marvillosos bosques, limpísimos arroyos e inasequibles picachos imponiéndose en el horizonte, se suma una extraordinaria variedad de flora y fauna

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